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Estuve en París -diario de comida-

Uno de los clientes para los cuales trabajo prestando servicios de periodismo me escogió para atender una asignación en París, Francia. No podía estar más contenta por varias razones: era mi primera vez en esa ciudad, en Europa y… la comida… la comida.

Antes de irme flotaban por mi cabeza los tartare (carnes crudas), las salsas mantequillosas y todos esos gustos que uno se debe permitir (por salud mental) solo cuando está de viaje.

No encontré mejor manera de presentarles lo que sucedió, alimentariamente hablando, en este viaje más que un diario. ¿Me acompañan a París?

DÍAS 1  y 2 – Comer en el avión y el primer sándwich de París

Por tratarse de un viaje de trabajo, tuve el privilegio de viajar en clase Business de Air France, con todas las comodidades del caso, entre ellas un menú de cinco platillos para cenar que inició con un bocadito de salmón y terminó con la mejor tartaleta de mango y maracuyá (parchita) que yo haya probado.

París (3)

Al bajar del avión, ya estaba en la hermosa tarde parisina. Clima perfecto para caminar, toparse por primera vez con la Torre Eiffel y comerse un primer sándwich. “Pediré algo conservador”, pensé. Y pedí el sándwich de salmón con aguacate y pommes frites (papas fritas). El lugar: un lindo café a pocas cuadras de la Torre Eiffel.

ERROR: Una mezcla de posible mala manipulación del alimento y jet lag de una persona del trópico que jamás había viajado tan largo me causaron un terrible malestar que duró tres días. ¡No puede ser! Malestares estomacales de este calibre ¡en París!

DÍA 3 – No hay sopitas en París

Al día siguiente debía trabajar desde temprano, necesitaba combustible después de haber… “eliminado” tanto la noche anterior. Traté de desayunar esto y no pude:

París (4)

Pensé: “tal vez más tarde me coma una sopita y, mientras tanto, tomaré té y agua”. Pero no. No hay sopitas en París. Al menos no de esas que conocemos los enfermos de la panza acá y al menos no en los lugares de comer que visité… al menos no en esta temporada del año. Lo que en otros momentos me hubiera resultado sumamente tentador (una sopa de cebolla francesa) ese día era repugnante. Después de buscar y buscar, en el hotel donde me hospedé fueron muy gentiles al alistarme una crema de ayote sin lácteos para el almuerzo y una de papa con puerros para la cena. Ambas deliciosas y reconfortantes.

París (11)

DÍA 4 – Me niego a comer

Mi apetito se rehusaba a abrirse. Pero ya necesitaba café. Desayuné con uno, además de un pan con queso mozarella antes de salir del hotel. Tenía que caminar bastante para trasladarme al otro lugar de hospedaje que me aguardaba. Necesitaba combustible. Necesitaba irme en metro.

Una vez en el barrio o distrito nuevo, me fui al supermercado para comprar cosas para desayunar. El olor a pan fresco no es comparable al de las panaderías de Costa Rica… se parece más al de las de Venezuela que son de origen más europeo. La variedad infinita… pero yo me fui por el pán francés tradicional. Queso mozarella bajo en grasa, huevos, jugo de naranja, agua embotellada y a pagar.

De repente, a eso de las 3 de la tarde… ¡hambre! Me avergüenza un poco decirles lo que comí pero, realmente, era lo más cercano y rápido. Rápido como en “comida rápida”.

Opté por tomarme el resto de la tarde y noche para descansar. La intoxicación me había debilitado mucho.

DÍA 5 – Retomemos…

Finalmente, desayuno como en casa pero en otra casa. En París. Por favor notar el cuchillo Laguiole en la foto… un objeto solo para “fiebres” que mi anfitriona francesa tenía para uso diario. Solo con eso me cayó bien.

París (6)

Para almorzar, un cono de helado de la afamada Berthillon. El sabor que escogí, por sugerencia de la dependiente, fue el de noisette (nueces). La cremosidad e intensidad del helado es difícil de describir acá. Vieran qué interesante, son conitos pequeños. Puedo decir que tal vez eran dos cucharadas grandes de helado nada más. ¡En Latinoamérica nos sirven algo tan chico y nos reímos!

París (14)

Cerquita, debido a que el restaurante al que iba estaba cerrado, me compré un tartine vegetariano en una panadería y una gaseosa sin calorías (me moría de sed). El tartine es un pan baguette, cortado trasversalmente, con ingredientes encima. El mío tenía berenjena, zucchini, papa y tomates asados; con mucho, mucho queso (de hecho me comí la mitad para el almuerzo y el resto en la noche).

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DÍA 7 – La bernesa, el pato y ¡todo lo que falta!

Se acababan los días y yo no había comido pato, salsa bernesa ni crème brûlée. ¡A correr!

Mis amigos (a quienes conocí allá) y yo empezamos por un café en el Louvre. Pensamos que sería mágico, pero no. Compartí un eclaire mediocre con ellos. Uno se pidió el peor plato de pasta al pesto que haya visto en mi vida. La pasta estaba sobrecocinada (eran plumitas, estaban quebradas) y el verde del pesto era tan pálido que se veía blanco. No. No se los recomiendo.

Almorzamos en un lindo bistró donde pedimos el famoso pato confitado acompañado de las mejores papas con ajo del mundo, bistec de la casa con salsa bernesa, además de la crème brûlée:

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Dejamos espacio para comernos una crepa con spread de chocolate y nueces en Trocadero:

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Y cerramos la noche en La Rotonde, en la zona de Montparnasse. Yo pedí bistec de la casa de nuevo, con salsa de dos pimientas (en la que provocaba sumergirse y nadar por siempre) y papas fritas.

París (1)

París (2)

DÍA 8 – Comida española

Para el regreso y con el apetito y el estómago completamente recuperados, disfruté de la comida española a bordo del vuelo de regreso. Muchos embutidos y quesos añejos, en porciones pequeñas, apenas para darse el gusto.

Reflexiones sobre la salud y la comida:

  • De nuevo, si eres una persona que goza de buena salud y no tienes por qué tener restricciones alimentarias extremas y, como yo, disfrutas de la cultura del comer, las vacaciones son espacios EXCEPCIONALES a lo largo del año para disfrutar al máximo. Si no quieres perder el norte por completo, arma tu propio plan y haz tu lista de lo que no te puedes perder, manteniendo el resto de tu alimentación parecida a la que llevas en casa.
  • Interesantísimo: puedo decir que no vi ni una persona obesa o con sobrepeso en París. Con esa cantidad de platillos grasosos que comen y la abrumadora cantidad de fumadores de tabaco deben tener sus propios indicadores de salud pero el peso lo mantienen a raya. Tal vez caminan mucho, tal vez son las porciones pequeñas, tal vez es que respetan el ritual de la comida, posiblemente sea la poca cantidad de químicos en lo que comen.
  • Nada, si te intoxicas prioriza la hidratación. Si ya estás muy mal, vete a un hospital.

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