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Hallacas o tamales más livianos

En 2013 decidí que me iba a lanzar a mi primera cocinada de hallacas sin la instrucción maestra de alguna tía o prima experta. Me acompañaron mi madre y otros parientes en la línea de trabajo para armarlas pero tenía el firme propósito de hacerlas más livianas.

El resultado fue bueno de sabor. La falta de grasa en la masa le restó calidad a la textura (quedaron con una masa gruesa y compacta). El próximo año salen mejor.

Comparto con ustedes 10 tips aplicados para que, con uno o dos que logren implementar, reduzcan las calorías de sus tamales o hallacas hechos en casa… ¡si quieren! Si no, disfrútenlos como son 🙂

  1. Elimina la manteca o redúcela en la cantidad que puedas: Yo cociné el cerdo y el pollo libres de grasa y los caldos quedaron completamente magros; súper gustosos por la cantidad de hierbas y especias que utilicé. Sin embargo, la falta de grasa en el caldo (que se usa para amasar la harina) le quitó calidad a la textura de la masa. El año que viene voy a probar lo que hacía mi abuela: por cada kilo de harina, ponía una media taza de grasa de cerdo cocida y licuada. Creo que, al dividir la cantidad de grasa entre tantas hallacas, va a valer la pena. Otra forma de reducir la grasa fue evitar a toda costa el uso de la famosa pasta de achiote que venden en Costa Rica (no conseguí en grano). Lo que hice fue licuar los chiles dulces rojos que había puesto a hervir en los caldos y eso tiñó la masa; requiriendo nada más dos cucharadas de pasta de achiote para 4 kg de harina.
  2. Selecciona bien las carnes: Pídele al carnicero cortes limpios y magros. La posta de cerdo es casi insustituible pero es fácil removerle la grasa. Lo mismo al pollo (si usas pechuga, mejor). La res es fácil de escoger y de limpiar.
  3. Tamaño más chico: Cuando tengas lista la masa, mide porciones de 1/3 de taza y esas serán las bolitas que formarán la base del tamal o la hallaca.
  4. Aumenta la humedad del guiso con verduras, no aceite: Puedo decir que el guiso resultó ser lo más exitoso de mis hallacas. Con 10 chiles dulces rojos, 10 cebollas pequeñas, 2 puerros, 5 ramas de cebollín y media cabeza de ajo (además de tomillo, romero, orégano, sal, pimienta y caldo de cocción) resultó un guiso o relleno húmedo, gustoso y rico. Para sofreír todo esto junto con los 4kg de carne de cerdo y los 4kg de carne de pollo, usé sólo 4 cucharadas de aceite de canola.
  5. Mide las demás harinas (el caso del tamal): En Costa Rica le ponen arroz al tamal. Así como mediste el puño de masa a utilizar, mide el arroz. A mis hallacas  yo les puse una lata grande de garbanzos a todo el guiso.
  6. No amarres en pares: En Costa Rica también se acostumbra amarrar los tamales en “piñas” o pares. Esto facilita, al sacarlos del refrigerador, que tengas acceso a dos y no sólo a uno; por ende, incrementa las posibilidades de comer más.
  7. Atrévete a usar hierbas: Otra de mis consignas era no usar especies premezcladas llenas de MSG y quién sabe qué más cosas. Apelé a mis plantas de tomillo, orégano y romero para los caldos y fue un éxito. Confieso que para ese volumen de guiso descrito sólo usé un sobrecito de caldo de gallina industrializado.
  8. Planifica tu día: Con la refrigeradora abarrotada de tamales o hallacas, trata de compartirlos o pensar en que te comerás uno por día. Por más cortos en grasa que hayan quedado, son una comida completa como tal.
  9. Peca y reza: Sírvete ensalada verde y trata de balancear tu tamal o hallaca, en el día, con lo que falta: frutas y lácteos.
  10. Cuidado con los aderezos: En Venezuela, algunas personas estilan aderezar las hallacas con queso. En Costa Rica, le ponen salsa inglesa alta en sodio. Mide estos complementos o prueba no usarlos.

Ah… y no inventes el agua tibia: Yo creo que no existe tal cosa como un buen tamal de harina integral o hallaca con carne de soya. Si te vas a ir a los extremos, mejor come otra cosa.

¡Felices y más sanas fiestas!

 

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