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Hice una dieta de eliminación y esto fue lo que pasó…

El 2018 lo declaré como el año del autoconocimiento. En ese proceso y dejándome llevar por algunos reviews, decidí hacer una dieta de eliminación que, básicamente, quita de tu alimentación una serie de comidas (generalmente) inflamatorias y que causan distintos tipos de reacción, para después reintroducirlas y ver qué le pasa a tu cuerpo. Lo hice porque quería conocer a fondo si además del gluten y el café, debía dejar algo más para sentirme lo mejor posible.

Tengo que dejar algo claro: para MÍ tomar este plan que, por cierto, fue por internet, fue un error que me dejó muchas lecciones aprendidas. Dichosamente nunca dejé la asesoría personal con mi nutricionista, quien me brindó una guía más certera e individualizada para llevar esto de la forma más sana para mí. 

La idea de este artículo no es hacer un review más del lugar donde decidí tomar esta dieta, sino compartirte mis lecciones para que las tomes en cuenta y decidas con bases más fuertes si es algo que necesitas o no. 

Felicito a todas las personas que desarrollan estos programas y que tienen una larga lista de casos de éxito. Como cualquier producto, estas dietas tienen un nicho al cual ya sé, por experiencia, que no pertenezco y, si eres de este club, ejerzo la libertad de expresión para compartirte mi vivencia y que no te pase lo mismo.

Haz una dieta de eliminación si y solo si…

  1. Estás asesorándote con un profesional en materia de salud y/o nutrición. Busca las credenciales a fondo. A veces un certificado o un curso no es suficiente para que una persona asesore a todo el mundo sobre lo que debe o no debe comer. Además, muchas personas necesitan apoyo incluso psicológico en este proceso y no siempre está disponible cuando lo necesitas si no te asesoras bien. 
  2. Cuentas con un diagnóstico -o sospecha sólida y sustentada- de que tienes alguna condición que podría estártela causando un alimento. Esto le va a dar un propósito y un norte a las restricciones por las que vas a pasar. Si eres una persona relativamente sana con uno que otro malestar por aquí o por allá y simplemente quieres mejorar tu salud o ver por qué te cae mal “x” cosa, devuélvete al punto 1. 
  3. Si el proveedor que elegiste te hizo muchas preguntas y conoce a profundidad tu caso. ¿Te preguntó esta persona acaso si tienes o tuviste desórdenes alimenticios? ¿Si tienes un diagnóstico clínico de alguna enfermedad mental? ¿Si tomas medicamentos para algún padecimiento o suplementas? ¿Si estás embarazada o amamantando? Si no te preguntaron mucho, desconfía. 
  4. Es personalizada 100%. Sea por internet o en la “vida real”, creo que cada cuerpo y cada mente es tan diferente, que algo tan serio como una dieta de este tipo debe abordarse de forma individual. Claro, puede haber herramientas de soporte de grupo, pero el abordaje individual e incluso privado es CLAVE. 
  5. Si tu objetivo NO ES perder peso. Podrías no perderlo. No es una dieta para “rebajar”. 

Lo que me sirvió…

  1. Para poder llevar a cabo esta dieta (y la mayoría de las que he llevado en mi vida, la verdad) tienes que CO-CI-NAR y hacer que la mayoría de tus comidas sean hechas en casa. Con la “excusa” de la dieta, aumenté el orden en mi rutina semanal de compras, cocina y horarios de comida.
  2. Lo anterior me llevó, por ende, a bajarle a las comidas en la calle que, muchas veces, las hacía por comodidad. Esto me hizo ahorrar dinero y comer alimentos de mejor calidad que hacíamos en la casa. 
  3. Yyyyy lo anterior me llevó a que el cuerpo bajara los antojos de helado y aumentara los antojos por vegetales y frutas. Que siempre los consumo pero, vaya, no tanto como a veces quisiera.
  4. No tuve necesidades extremas puntuales de lo eliminado, solo frustración cuando aparecía una oportunidad y no “podía” comerlo. 
  5. ¿Necesitas una dieta de eliminación para obtener los beneficios de los puntos 1 al 4? Decididamente NO. 
  6. Darme cuenta una vez más del poder del mercadeo. Atención, mucha atención a programas de “detox”, “reset”, “restart”, “reboot” que prometen rebalancear tus hormonas, tus emociones, tu piel, tu digestión y tu peso. Después de esta dieta, investigué y me di cuenta de que no es un producto tan único… hay CIENTOS de opciones muy similares que se comercializan así por internet, tanto en inglés como en español. Algunas incluso te complementan el plan con sus propios suplementos. Con variaciones aquí y allá parten de generalidades para atender individualidades y eso, a mí, NO me funcionó. 
  7. Lo mejor: estoy bien. Con los consejos de mi nutricionista, reintroduje los alimentos que había eliminado sin malestares significativos. Me aconsejó comer más despacio para ver si se controlaba la acidez, y dicho y hecho. Me aconsejó reintroducir los alimentos eliminados a un ritmo y forma que me diera PAZ y así lo hice, sin atracones ni locuras ni estar pendiente del más mínimo “síntoma”. Esto me trajo el beneficio indirecto de saber que puedo confiar en mi cuerpo, aunque no sea fácil, cuando me dice qué, cuándo y cuánto comer. Debo seguir trabajando en eso.
  8. Desarrollé MUCHA empatía por las personas que tienen condiciones de salud diagnosticadas o en proceso de diagnóstico que las obligan a tomar este tipo de alimentación con el objetivo de mejorar la salud. No puedo ni empezar a imaginarme el peso que puede tener el cargar con restricciones de este tipo por periodos prolongados o para toda la vida. 
  9. La sororidad en el grupo de soporte en línea. Con todo lo compartido, vi lo distinto de las realidades y de los cuerpos de cada una: las razones, las reacciones y las expectativas. Como te dije, para todo hay mercado y muchas de ellas parecen haber tenido más beneficios y menos inconvenientes que yo… ¡y me contenta muchísimo! ?¿Qué nos hace diferentes? ¡Que SOMOS diferentes!

Lo que no me sirvió…

  1. Aunque lo describen como una parte natural del proceso, por la monotonía, tener sentimientos negativos hacia comidas que me gustan normalmente me hizo sentir muy mal e incluso malagradecida. Tener sentimientos negativos hacia la comida (period) no está bien para mí. 
  2. La poquísima vida social que tengo se vio detenida. No me quiero imaginar si eres una persona de salir y compartir; o si vives en una familia muy grande… esto podría pesarte mucho.
  3. Vivir en extremos no es lo mío. Durante la dieta, me enfermé con una bronquitis terrible. Una de las recomendaciones del plan era dejar ciertos endulzantes, incluyendo uno que era ingrediente del jarabe que me tenía que tomar para estar mejor. Tenía dos opciones: dejar botada la dieta y beberme mi jarabe, o seguir en la dieta, sin el jarabe y con remedios naturales. Yo me inventé un carril propio: seguí con la dieta Y con el jarabe. 
  4. Mi salud y mi cuerpo siguieron su curso… emocionalmente me sentí igual. La migraña vino cuando tenía que venir. La gripe atacó cuando tuvo que atacar. Tal vez sentí un poquito más de energía en el gimnasio. Pero hasta ahí. Esos reviews del cambio radical de vida en 21 días no los sentí y estoy convencida de que no fue a causa de 3 días de jarabe expectorante. Pensé: “¿en serio crees que TODO se te iba a equilibrar en 21 días?”… no fue mi caso. Si fue el tuyo y ya pasaron 5 o 10 años de eso y lo pudiste mantener, ¡enhorabuena!. De nuevo, todos somos diferentes.

¿Haz tenido una experiencia similar? ¿Cómo te fue? ¡Comentemos!

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