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Intolerancia a la lactosa: ¿dejar o no dejar los lácteos?

Cada vez son más y más las personas que, debidamente diagnosticadas o no, manifiestan síntomas incómodos cuando consumen productos lácteos. Así, estas personas deciden sacarlos de la dieta y empezar un camino, aparentemente complicado, para acostumbrarse al cambio.

Entretanto, el debate de si debemos o no consumir estos alimentos sigue en constante evolución y discusiones, tornándose en un tema casi político que involucra a la gran industria de la leche alrededor del mundo, los pequeños productores, médicos, nutricionistas y los defensores del mundo vegetal.

Mientras esta discusión se atiza, va y viene, los consumidores quedamos en el medio con cientos de opciones para escoger, estudios que se publican y un sinfín de información que no nos permite decidir bien.

Por ello, hice una pausa y entrevisté a la nutricionista Laura Chacón. Atendiendo, en primer lugar, a informar a las personas que ya tomaron la decisión de eliminar o reducir su consumo de lácteos. Segundo, como una forma de exponer un punto de vista experto que te permita, como lector, tomar una decisión sobre tu propia dieta.

NOTA: Como siempre, tu médico y tu nutricionista son quienes saben lo que es mejor para ti. Consúltales a ellos con base en la información que lees.

Partamos de un primer punto: nuestra experta entrevistada no consume y no recomienda consumir lácteos. “Su consumo frecuente puede estar relacionado a la aparición de ciertas enfermedades crónicas. Para mí, basta con que haya estudios serios que indiquen efectos negativos en la salud para prescindir y recomendar prescindir su consumo”, nos explica.

Chacón se basa en evidencias científicas y argumentos éticos para lo anterior. Nos comenta que las principales razones por las cuales las personas dejan los lácteos son cinco (citamos a continuación):

  1. Acidez: La leche de vaca y sus derivados son alimentos ácidos. El pH sanguíneo para el funcionamiento normal de nuestro sistema debe ser de 7,365 (ligeramente alcalino). La digestión de los lácteos hace que se liberen ácidos en el torrente sanguíneo, que el cuerpo trata de neutralizar, con el objetivo de mantener este balance en el pH para el funcionamiento óptimo, mediante la liberación de calcio de nuestros huesos, que es nuestra reserva más grande de minerales. Permitir que nuestro cuerpo realice este proceso de neutralización constante debilitará a largo plazo nuestros huesos. Paradójicamente, es por esta razón que varios estudios han encontrado una relación directa entre el consumo de lácteos con la incidencia de osteoporosis y el riesgo de fracturas.
  1. Intolerancia a la lactosa: Son muchas las personas que tienen algún grado de intolerancia a la lactosa. Para estas personas, ingerir productos lácteos significa que pueden experimentar problemas gastrointestinales como calambres, hinchazón, gases y diarrea (…) los seres humanos no toleramos bien la leche de vaca.
  1. Asociación con ciertos tipos de cáncer: Es evidente que, aunque se necesita más investigación, no podemos estar seguros de que el consumo de lácteos es totalmente una práctica sana. Se ha relacionado los altos niveles de galactosa, un azúcar liberado por la digestión de la lactosa en la leche, con una asociación directa en la aparición de cáncer de ovario. Aunque estas asociaciones no se han reportado en todos los estudios, puede haber un daño potencial en el consumo de altas cantidades de lactosa. Un reciente meta-análisis (de 12 estudios de cohorte prospectivos, que incluyeron más de 500.000 mujeres) encontró que las mujeres con alto consumo de lactosa, equivalente a la que se encuentran en tres tazas de leche, está relacionado a un mayor riesgo de cáncer de ovario, en comparación con las mujeres tenían consumos de lactosa más bajos (Genkinger JM, Hunter DJ, Spiegelman D, et al. Dairy products and ovarian cancer: a pooled analysis of 12 cohort studies. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2006; 15:364–72). En el estudio mencionado con anterioridad de la Universidad de Harvard  también se encontró que los hombres que bebían dos o más vasos de leche al día tenían casi el doble de probabilidades de desarrollar cáncer de próstata avanzado que los que no bebían ningún tipo de leche (Giovannucci E, Rimm EB, Wolk A, et al. Calcium and fructose intake in relation to risk of prostate cancer. Cancer Res. 1998; 58:442–447).
  1. Ética: No podemos olvidar ni obviar el hecho de que los productos lácteos industriales son obtenidos actualmente aplicando técnicas productivas poco respetuosas con las vacas, las cuales en muchas ocasiones reciben un trato más degradante incluso que otros animales destinados al consumo humano.
  1. Residuos de hormonas y antibióticos: Para la producción industrial de lácteos se suelen utilizar hormonas sintéticas con el fin de aumentar la producción de leche en las vacas. Debido a este incremento de leche que la naturaleza jamás previó, el resultado obtenido es la mastitis, o inflamación de las glándulas mamarias. Su tratamiento requiere el uso de antibióticos, y se han encontrado restos de ellos y de hormonas en muestras de leche y otros lácteos. Los pesticidas y otros medicamentos también son contaminantes frecuentes de los lácteos.

Y, entonces, con todo esto, no nos queda más que preguntarnos si el calcio es tan importante para nuestra salud como lo hemos escuchado y de dónde lo sacamos si no estamos consumiendo lácteos. Chacón expone que este mineral, en efecto, es de suma importancia para múltiples funciones del cuerpo pero que, si dejamos los lácteos a cualquier edad, podemos obtenerlo a través del consumo de productos vegetales o suplementos (en el caso de embarazadas o mujeres en periodo de lactancia, por ejemplo).

“El calcio se puede encontrar en alimentos de color verde oscuro, verduras de hoja verde, como la col rizada (kale),la acelga y el bok choy, así como en semillas (chía, almendras, ajonjolí, nueces) y leguminosas (lentejas, garbanzos, frijoles). Para poner un ejemplo, una taza de leche contiene 300 mg de calcio y un batido de vegetales verdes con leche de almendra y chía puede contener hasta 450 mg de calcio. Es una cuestión de saber hacer las sustituciones correctas, pero una alimentación sin lácteos no tiene porque implicar una alimentación deficiente en calcio”, adujo.

Ahora bien, personalmente no tengo -hasta ahora- problemas de salud reportados que me impidan consumir lácteos. Por decisión propia, no consumo leche fluida pero sí como queso, mantequilla, ghee y yogur, usualmente de pequeños productores. ¿Qué pasa con personas como nosotros?

“Si bien es cierto los lácteos preparados de manera artesanal son una mejor opción ya que son elaborados con leches enteras y tienen, por lo general, menos riesgos de residuos de antibióticos y hormonas; y puede dársele más amor a las vacas (…) siguen siendo lácteos. La intolerancia a la lactosa ni los riesgos asociados con el consumo de lácteos no va a desaparecer porque sean lácteos artesanales. Mi recomendación, si realmente le cuesta dejar de consumir lácteos, es: utilícelos muy esporádicamente, casi como un pecadito de vez en cuando y que sean los de mejor calidad”, sugirió Chacón.

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